miércoles, 3 de octubre de 2012

Día de la Bandera de la Raza

Día de la Bandera de la Raza

Dominicales  5 agosto, 2012 - 1:00 AM

Por: Rolando Zelaya y Ferrera

La Bandera de la Hispanidad, o Bandera de la Raza Hispánica, es una enseña representativa de todos los países hispanos. Fue creada por Ángel Camblor, capitán del Ejército Nacional (Uruguay), con motivo de un concurso continental organizado por Juana de Ibarbourou en 1932 con el objeto de dotar de una bandera a la Hispanidad. El lema que acompaña a la bandera desde su creación es Justicia, Unión, Paz y Fraternidad, valores que Camblor señaló como representativos de los hispanos.

En dicha bandera, el blanco simboliza la paz, el Inti (denominado “sol de mayo” en algunos países, que representa el dios Sol según la mitología incaica) simboliza el despertar del continente americano y las tres cruces simbolizan las dos carabelas y la nao con que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo (la Niña (carabela), la Pinta y la Santa María).

El color púrpura de las tres cruces alude al color característico del león de la Corona de Castilla, lugar de nacimiento del idioma común, según explica su diseñador en el libro “La bandera de la raza símbolo de las Américas en el cielo de Buenos Aires” (editorial unión hispanamericana, Montevideo 1935). La Bandera de la Raza Hispánica fue izada por primera vez el jueves 12 de octubre de 1932, en la Plaza de la Independencia de Montevideo, y fue oficialmente adoptada por todos los estados de Hispanoamérica como bandera representativa en el marco de la VII Conferencia Panamericana reunida en diciembre de 1933. Se ve la bandera también en las Islas Filipinas.

El Himno es otra tradición que se practica en este Día, es la entonación del saludo a la bandera Raza. En su coro resalta la frase: “Bandera de la raza, simbólica bandera, izada por dos manos aladas de mujer, revives el milagro de las tres carabelas y anuncias hoy la aurora de un nuevo amanecer”. Ojalá que los docentes recuerden esta magna fecha y le rinda el tributo que se merece, así los estudiantes adquirirán mas conciencia de la unidad hispanoamericana, y en especial de quiénes forman esa unidad hispanoamericana.

¿Por qué esta última afirmación? El uso temprano de la palabra raza la vincula con linaje, limpieza de sangre, casta, pero también, hacia el siglo XVI, se aplica en sentido biológico o de especie, en forma peyorativa. De cualquier modo, denota clasificación, grupos que se distinguen unos de otros por sus caracteres que, además, son heredados. Alrededor de 1840 se empezó a utilizar para referirse a los grupos humanos, apelando a caracteres tanto biológicos como culturales que los identifican y unen a sus miembros entre sí, lo cual también servía como punto de referencia para comparar el grado de progreso o las posibilidades de desarrollo de unas razas con respecto a las otras. En el Virreynato de la Nueva España (México y Centroamérica) por ejemplo, el empleo de la noción de raza fue muy frecuente para ponderar las cualidades de los blancos en relación con lo que se percibía como las limitaciones y vicios de los indios. El geógrafo Antonio García Cubas, por ejemplo –y no es la excepción–, la empleó en diversas publicaciones para clasificar a la población en raza blanca, raza mixta o mezclada y raza india, a la vez que señalaba en cada una sus costumbres y formas de vida. (1)

El concepto de raza también subyacía en la napoleónica delimitación entre la América sajona y la América latina, marcando la diferencia entre una y otra a partir de costumbres, formas de vida, prácticas culturales y religiosas en general. Pero, a pesar de su uso generalizado en diversos ámbitos durante el siglo XIX, el término raza, como motivo de celebración, sólo se introdujo sistemáticamente en nuestro continente –también en España– hasta los primeros años del siglo XX.

A lo largo y ancho de la región latinoamericana, hacia 1915, Perú, Argentina, Paraguay, El Salvador, Guatemala, México y Chile coincidieron en las celebraciones, con distintos matices y sentidos. La Revista Española publicó los discursos de esas fiestas hispanoamericanas que tendían a fomentar la unión, se decía, de los pueblos enlazados en la historia. El presidente argentino Hipólito Yrigoyen, por ejemplo, en 1917 consagra el Día de la Raza a España, decretándolo fiesta nacional: “… siendo eminentemente justo consagrar la festividad de la fecha en homenaje a España, progenitora de naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua, una herencia inmortal…”, en clara negación de las naciones indígenas y negras quienes pusieron la sangre; y de los mestizos, la verdadera nueva raza surgida de Latinoamérica.

Detrás de ello, estaban los años de la Primera Guerra Mundial que implicaron para América Latina el aislamiento, desde todos los puntos de vista, con respecto a la Europa involucrada en el conflicto; también la necesidad de cerrar filas frente a la amenaza que el panamericanismo imperialista de los Estados Unidos constituía para la región. Así, al calor de los discursos hispanoamericanistas, se fortalece la conciencia de la Raza, con mayúsculas, con el antiguo y recurrente sueño de hacer de los hispanoamericanos una verdadera comunidad de lengua, de cultura, de religión, de economía. La conciencia de raza es directa hacia los descendientes blancos de españoles, e indirecta (sino excluyente) hacia indios, mestizos y negros.

El pensador argentino José Ingenieros, el uruguayo José Enrique Rodó, el mexicano José Vasconcelos, (2) la poetisa chilena Gabriela Mistral, todos apelan a la fuerza de la raza. Todos, por diversas vertientes, convocan su unión. La América hispana comienza a cobrar conciencia de sí misma, de sus posibilidades. La utopía de la comunidad de los latinoamericanos, trazada desde el siglo XIX, se resignificaba. España se integra a estas celebraciones que ofrecen la oportunidad para estrechar lazos de diversos tipos –culturales, pero también económicos–, por iniciativa de la Casa de América (Barcelona, 1917), sólo que para ella, la Raza a festejar siguió siendo la española. (3)

Fijar el ritual de conmemorar el 12 de octubre como Día de la Raza no ha sido inocente; se trata de un evento que atañe directamente al problema de las identidades colectivas, latinoamericanas. Las sucesivas transformaciones y recreaciones de sentido que han concretado una noción de raza en diferentes momentos están estrechamente relacionadas con nuestra propia percepción como latinoamericanos, como americanos. Habrían de pasar muchos años para que el mestizaje, aprehendido como raza, dejara de ser un concepto colonialista, para clasificar al otro y establecer calidades, para que se refiriera a las zonas de contacto donde lo social, lo cultural, lo histórico y lo religioso derivan en “unos otros” diversos. El asunto no es sencillo; se trata de una conmemoración que presenta múltiples aristas (políticas, educativas, culturales, económicas, religiosas) que subyacen en su institución y en las sucesivas transformaciones que ha experimentado. Hemos presenciado diversas iniciativas de grupos indígenas cuyos intereses –y los nuestros– son afectados por los programas neoliberales que irrumpen en todos los ámbitos. Entonces, quizás el Día de la Raza haya adquirido un nuevo nombre: “Día de la Resistencia Mesoamericana”.

Citas:
1. Puede verse, como ejemplo, Antonio García Cubas, The Republic of México in 1876. A Political and Ethnographical División of the Population, Character, Habits, Costumes of its Inhabitants, traducción al inglés de George F. Henderson, “La enseñanza” Printing Office, México, 1876, p. 14 y ss.
2. Vasconcelos (1881-1959) fue miembro de la generación del Ateneo de la Juventud que en 1907 iniciara un movimiento de transformación cultural, mismo que se enlazaría con el movimiento revolucionario de 1910 y sus demandas democráticas. Vasconcelos participaría en el proyecto político de Francisco I. Madero. En 1920, con la llegada de Álvaro Obregón a la presidencia de la República, Vasconcelos es nombrado casi simultáneamente rector de la Universidad y ministro de Educación Pública (1921-1924), desde donde impulsa uno de los proyectos educativos y culturales de mayor envergadura en el México contemporáneo. En 1929 fue candidato a la presidencia de la República.
3. No es casual que en México en 1958, un decreto presidencial rebautizara la celebración como Día de la Hispanidad.

Fuentes:
1.    http://www.historiadehonduras.hn/
2.    Aguirre Lora, María Esther, Día de la Raza: Invención de una fiesta Cívica”, UNAM, México, 2005

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada