jueves, 27 de diciembre de 2012

  ¡LA DEMOCRACIA SOY YO!

Dominicales  7 agosto, 2011


Por: Rolando Zelaya y Ferrera

Aunque la democracia se presupone como el poder del pueblo, las dictaduras y fantochadas han estado a la orden del día en una nación donde la representatividad no nace del pueblo sino de la cuna de oro del oportunismo político y permite que un mesías de papel se autodenomine democracia.

REORDENAMIENTO POLÍTICO. La Reforma Liberal en Centro América se inicia en la década de 1870, su principal promotor fue Justo Rufino Barrios de Guatemala. El liberalismo guatemalteco extendió su influencia a todos los países de la región, teniendo especial éxito en Guatemala y El Salvador. Sus antecedentes se encuentran en el conjunto de medidas implementadas, por vez primera en América Española, por Francisco Morazán, Mariano Gálvez, y aquellos que conformaron la primera generación liberal del istmo centroamericano: libertad de cultos, educación popular, separación Iglesia-Estado, fomento a la inmigración entre otras iniciativas. Después de la “independencia” de 1821, fue el primer intento serio por construir un país y de organizarlo políticamente, como parte de la expresión civilizada de la sociedad en materia de gobierno.

Afiche de la campaña de Miguel R. Dávila. En vez de introducir su gabinete para conocimiento del pueblo hondureño, se presentó como el continuador de la obra de los grandes ex presidentes de Honduras. (Foto historiadehonduras.hn) 

Esta reorganización política, jurídica y administrativa totalmente renovada surge bajo la dirección de grandes juristas como Carlos Alberto Uclés y Adolfo Zúñiga. En 1880 se emitió una nueva constitución y los códigos civil, penal, de aduanas, de procedimientos, de comercio, de minería y militar, así como la ley de notariado y por primera vez en Honduras la ley de Inmigración. Eran textos legales de escasa originalidad, basados en la legislación chilena y española como modelos; así, por ejemplo, los códigos civil y de minería se adaptan de manera fiel a los textos chilenos de 1855 y 1874 respectivamente;  el código militar al código penal militar italiano de 1869; el código de comercio se inspira en el español de 1829, y el código penal, en el texto español de 1870, que inspiró otros varios códigos iberoamericanos de la época ([1]). Pero, no obstante su falta de originalidad, contribuyeron a modernizar y dar flexibilidad a la arcaica legislación hondureña. Sin embargo, en el terreno político y de orden público, la obra de la Reforma Liberal constituyó un éxito y por primera vez desde la Independencia pudo Honduras gozar de paz y estabilidad, siendo el gobierno universalmente respetado. Bajo el gobierno de Soto se sentaron las bases del futuro desarrollo material de Honduras. La moneda fue definitivamente estabilizada bajo el signo del patrón plata y se inició una activa política de fomento económico cuyos resultados, aunque más modestos que en política, no dejan de ser significativos por el progreso real representado. Pero también sentó las bases sociales de las futuras clases políticas.

HERENCIA POLITICA Y SU TRILLADA DEMAGOGIA: ¡LA DEMOCRACIA SOY YO!…Por lo general los presidentes producto de la Reforma se caracterizan por poner primero sus intereses personales por encima de todo y a costa del bien común presentándolos como la solución a los problemas del país, en esta medida justificaron el tiempo que debieran permanecer en el poder, por el carácter mesiánico con que se presentaban ante sus gobernados, aunque en realidad, eran incapaces de dominar los acontecimientos que se producían en su entorno por lo que se volvían un mero observador en espera de que se solucionaran por sí mismos. El carácter terrateniente de estos gobernantes se nota en el hecho de que se comportan como mandamases en la gran hacienda Honduras. Por si fuera apoco, la Reforma se presentó ante Honduras como un régimen de orden y todo lo que hubiera existido antes era la anarquía y en consecuencia enemiga de la reforma, los esquemas educativos interiorizaron esta condición provocando entonces que el ciudadano en formación viera las cosas desde el punto de vista antagónico para resolver problemas; de allí la facilidad de que el hondureño posteriormente solo identificará a quienes están a favor y si no está a favor, está en contra, creando aparte de un antagonista intelectual un enemigo en aquellos que no ven las cosas de la misma manera. El sistema educativo era básico y exclusivo para tener derecho al voto (lo que se llama voto selectivo) nadie que no hubiera cursado la educación primaria podía votar, pero lamentablemente fue el vehículo por el cuál el ciudadano producto de la Reforma Liberal también quedó inconcluso: ese ciudadano que Honduras necesitaba quedo limitado a un universo de amigos y enemigos por conveniencia, podían pelear juntos en una montonera pero a la siguiente podían pelear uno contra el otro y así sucesivamente. Lo más grave es que no se produjo un ciudadano con sentimiento nacional y dignidad propia sino un ciudadano con doble moral y personalidad pragmática; que desestima los valores religiosos en política ya que, lo que es moralmente incorrecto en religión no necesariamente debe serlo en política;  la moral a nivel familiar poco o nada tiene que ver con las relaciones sociales, ambas se plantean con sus propias normas morales por lo que no le interesa ser honesto, solidario o justo. No reflexiona pero si hace uso de una antiquísima paciencia para tolerar las cosas, lo que en consecuencia, provoca una ausencia de un mismo espacio referencial de proyectos y metas comunes, por ello su incapacidad de identificarse colectivamente lo que le promueve el no integrarse en ningún momento a la nación.

Tiburcio Carias Andino se consideró como el único que sabía gobernar a Honduras y se perpetuó en el poder hasta que pudo. Siempre alegó ser del pueblo y saber lo que quería el pueblo, por ello extendió su mandato ilegalmente en dos ocasiones, en la llamada “Paz de Carías”: no había delincuencia ni oposición política. (Foto historiadehonduras.hn)

LA VOLUBILIDAD DE LA DIRIGENCIA POLÍTICA…ésta dirigencia política de finales de siglo XIX imbuidos en el proceso reformador, carecieron no solo de conocimiento geopolítico, social y administrativo, sino que también de la voluntad e interés necesario para crear una comunidad nacional debido a la anarquía política reinante, a la debilidad gubernamental (altamente centralista)  imposibilitada de imponer autoridad para el cobro de impuestos o de un ejército nacional por sobre los distintos caudillos terratenientes y sus ejércitos privados. Esto provocó inclusive movimientos separatistas de algunos departamentos de Honduras como el caso de Texiguat en 1843 y 1844, o de Olancho en 1860. No logró entonces, erigirse una autoridad central fuerte y estable como para construir un Estado-Nación. Para intentar reparar esta deficiencia, los liberales reformadores (que estaban más preocupados en el liberalismo teórico y no práctico) intentaron eliminar los localismos a través de una agresiva campaña que promoviera un discurso nacional que rondó entre el unionismo y la necesidad de nación. A juicio del antropólogo Oscar Rápalo “se inicia así una agresiva reconstrucción del pasado, una historia oficial por medio de varios personajes destacados y su conversión en héroes y próceres” ([3]). De esta manera una serie de personajes emparentados se maquillan en una idea confusa de creadores de una nación creando con ello un contexto erróneo de la realidad histórica. Los seleccionados: José Cecilio Díaz del Valle, Dionisio de la Trinidad de Herrera Díaz del Valle, Francisco Morazán, José Trinidad Cabañas y José Sahagún de la Trinidad Reyes todos emparentados consanguínea o políticamente ([4]). Estatuas de ellos se develizaron en los principales parques de Tegucigalpa en 1882. Se institucionalizó un culto secular a estos próceres, lo que los convierte en referentes simbólicos de la nacionalidad y el ciudadano hondureño; esto por medio de los libros de texto escolares y los llamados rituales educativos como desfiles, actos cívicos y otros. Hay que recordar que según Aguado y Portal “estos rituales escolares son elementos importantes en el proceso de socialización del niño, ya que recrean valores sociales y norman la conducta individual y colectiva y sobre todo son un medio creador de identidades sociales” ([5]).

¿IDENTIDAD?: De esta manera, los reformadores excluyeron de la elaboración de la identidad nacional de manera casi completa las raíces indígenas y negras de la nacionalidad, consolidándola por medio de una historia que jerarquizó y valorizó lo mestizo sobre los dos anteriores. Parte de una enmienda al error puede verse más adelante en la historia en tres hechos tangibles: uno, la mayanización de Honduras, muy comentada por Darío Euraque, quien afirma que “esta visión se reforzó a partir de los años 50 ya que los intelectuales hondureños se afiliaron a la teoría formulada por el nuncio apostólico Federico Lunardi según la cuál toda Honduras era de origen Maya borrando de esta manera de la historia oficial a los demás grupos indígenas y negando la presencia negra-garífuna existente en el país…” ([6]). Dos, la inclusión en el panteón de héroes nacionales de la figura de Lempira, con un pésimo planteamiento histórico corregido muchos años después mediante una investigación seria del Dr. Mario Felipe Martínez; y tres, la designación de la moneda nacional con la denominación del indígena, lo que se oficializó mediante Decreto No. 102 del 3 de Abril de 1926, aunque los billetes con su imagen comenzarán a circular hasta 1931.

Las reformas de Soto, fueron continuadas por: Luis Bográn, Ponciano Leiva, Domingo Vásquez, Policarpo Bonilla, Terencio  Sierra, Juan Arias, Manuel Bonilla y Celeo Arias.  La Reforma tuvo grandes logros materiales pero falló en su proyecto de construcción del ciudadano hondureño y por ende en la construcción de la Nación, esto explica porque a partir de 1903, el país se sumió en montoneras (mal llamadas guerras civiles) propiciadas por caudillos que fueron el legado inmediato de la Reforma Liberal, caudillos que, como dijo Carías “son del pueblo y por ende saben que necesita el pueblo” aunque en realidad eran terratenientes. NO SÓLO HAY QUE CONSTRUIR EL PAÍS, HAY QUE CONSTRUIR EL CIUDADANO QUE EL PAIS NECESITA, EMPODERADO DE LA REALIDAD NACIONAL INTEGRADORA, QUE REFLEXIONA, QUE PARTICIPA BASADO EN UNA OPINIÓN ARGUMENTA,  A FIN DE QUE YA NO NOS GOBIERNEN COMO LAS RESES DE LAS FINCAS PARTICULARES SINO COMO CIUDADANOS DE UNA NACIÓN. SOLO ASÍ…HONDURAS AVANZA.

FUENTES:
[1] Vid. Williams Stokes, Honduras, an area study in government, pags. 107ss., Nueva York, 1950.
[2] Mariñas Otero, Luis, “El médico español Ramirez Fontecha rector de la Universidad de Tegucigalpa”, en la Revista Cirugía, Madrid, núm. 21, mayo-septiembre, 1959.
[3] Rápalo Flores, Oscar, Identidad, símbolos nacionales y memoria colectiva, Revista Yaxkin, volumen XXIII, No.1, IHAH, 2001, pag.137
[4] José Cecilio del Valle era primo hermano de Dionisio de Herrera, quién a su vez era tío político de Francisco Morazán por estar casado con Micaela Quezada, hermana de Guadalupe Quezada, madre del prócer centroamericano.
[5] Rápalo Flores, Oscar, Op. Cit., pag.139
[6] Euraque, Darío, Antropólogos, arqueólogos, imperialismo y mayanización de Honduras 1890-1940, Revista de Historia, 45, 2002, pag. 73.

TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Por: Esther Alexandra Garwer
LA PEOR HERENCIA DE UNA NACIÓN:
POLÍTICOS, SEGUIDORES, FANÁTICOS Y UNA MAYORIA CIUDADANA MEDIOCRE…
J’ai vu le fond de ce qu’on appelle les honnétes gens: c’est hideux”. (“Yo he visto el fondo de las que llaman gentes honestas; es odioso”).
Charles Maurice de Talleyrand-Périgord; París, 1754-1838.

TRES SIGLOS ENTRE LA IGNORANCIA, LA SUMISIÓN Y LA MEDIOCRIDAD…Es más que notorio el hecho que 300 años de dominación española provocaron un falso sentido de libertad, seguido de la incapacidad mental por parte del ciudadano normal de observar que, quienes retomaron las riendas en su mayoría no actuaron como hombres sabios para resolver los problemas concretos de la nación que gobernaban, sino que, fueron títeres en manos de otro tipo de hombres ajenos y externos a la realidad de la nación pero muy conscientes de las ganancias que de él podían obtener. Claro panorama se deja ver después de la independencia y la aparente desaparición del orden jurídico español en el que el funcionario no era más que una mediocre pieza aplicadora de la ley, pues nada nuevo basado en la necesidad y realidad del país se creó para sustituirlo. Prueba de lo anterior puede verse cuando, el 30 de junio de 1826, la Asamblea del Estado de Honduras se vio obligada a ordenar la ejecución de todas las leyes en vigor y aplicar a los contraventores las penas establecidas, pero era difícil para el ciudadano común saber qué hacer bajo la ley cuando se ignoraba hasta qué punto el viejo cuerpo legal español continuaba vigente, ya que se daban por abrogadas muchas de estas leyes y no se habían emitido nuevas disposiciones que las sustituyeran. Al no aplicarse las leyes surge una severa crisis de autoridad, lo único que queda son las personas inmersas muy convenientemente por la clase elitista gobernante en la generacional así como histórica y vívida ignorancia de hoy en día y Centroamérica se despeña en el principio del personalismo(1).

Quizás por esta razón es que los partidos políticos tardaron más de 60 años en aparecer en la vida pública de las naciones latinoamericanas, en especial en Honduras. El escritor Julio Icaza Tijerino ha estudiado el fenómeno de la mentalidad personalista y su incidencia negativa en la nacionalidad, y afirma que “este personalismo es esencial en los pueblos hispanoamericanos… No cabe para él, pues, la existencia de un partido o del Estado como una asociación de ciudadanos. El partido no es sino una asociación de amigos alrededor de uno de ellos o de determinados intereses y sigue siéndolo cuando se apodera del Estado y se convierte en gobierno. El gobierno es así: el gobierno de los amigos para ayudar a los amigos. Por la misma razón, el partido contrario es la asociación de los enemigos y cuando está en el poder el gobierno enemigo es cuando se explica por sí mismo el encono de las luchas políticas entre partidos, cuyas diferencias ideológicas son mínimas y, de hecho, inexistentes para la inmensa mayoría de partidarios, que nunca han leído la declaración de principios de sus respectivos partidos”(2).

De aquí que los partidos políticos, las naciones iberoamericanas y las centroamericanas en particular, se organicen en torno a figuras populares que inspiran tomar el control del país y de una política. Tristemente la patología de los aspirantes y candidatos presidenciales los cuáles dicho sea de paso son siempre los mismos, utilizan la etiqueta del partido para lograr sus objetivos personales o de su grupo de amigos; su cinismo y descaro los impulsa a presentarse como mesías escogidos… únicos con las habilidades y capacidades de sacar adelante un país. Y de éste personalismo les expondremos las características históricas que siempre han mostrado en su fantocha campaña proselitista. Vea las comparaciones y deduzca Usted mismos sus propias conclusiones.


En palabras del destacado José Ingenieros, podríamos utilizar su estudio sobre el hombre mediocre, para hacer denotar que muchos (haciendo las justas excepciones) de nuestros caudillos, dictadores, políticos, élite social, servidores públicos, tienen la cabeza como un simple adorno de su cuerpo, ello impide que se acepte un cambio de ideas o de banderas políticas sin que esto sea razón para que sus partidarios lo abandonen (3). Todo lo anterior nos explica fácilmente la ausencia liderazgo en los partidos políticos como instituciones y la facilidad de caer en montoneras durante más de cien años en Honduras.

BIBLIOGRAFÍA
1 Mariñas otero, Luis. Honduras, (Col. Realidad Nacional), Núm. 6, Editorial Universitaria, 1987, p. 287.
2 Icaza Tijerino, Julio. Sociología de la política hispanoamericana, pp. 27-28, Madrid, 1950.
3 Icaza Tijerino, Op. Cit., pp. 180-181.
Ingenieros, José, El Hombre Mediocre, Colección Pensamiento, Editorial Jurídica Salvadoreña, Segunda Edición, Abril 2005.

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