viernes, 11 de julio de 2014

Honduras en la II Guerra Mundial...

Héroes anónimos: hondureños en la segunda guerra mundial


Cnel-(r)-FAH-Francisco-Zepeda-Andino 
por el Cnel. (R) FAH
Francisco Zepeda Andino

Uno de los eventos que marcaron el siglo XX de una manera negativa fue la Segunda Guerra Mundial. Millones de personas, hombres, mujeres y niños, perecieron cuando la muerte les llegó en tierra, el cielo o el mar. Nuestra nación, al no tener fuerzas militares que se pudieran enviar a los campos de muerte de Europa, Asia o África, no obstante, por medio de ciudadanos civiles, contribuyó al esfuerzo por derrotar a las fuerzas del Axis. Es así como compatriotas, en su mayoría de la costa norte hondureña, se exponen como tripulantes de barcos mercantes, a ser hundidos por los submarinos alemanes que extendían su radio de acción hasta en continente americano y nuestras costas. No creo conocer que alguien se haya dedicado a documentar la vida y muerte de esos valientes catrachos, en parte debido a la falta de archivos e información que nos detallen los eventos necesarios. He encontrado un sitio de internet dedicado a recopilar la historia de todas las acciones bélicas de la flota submarina de Hitler, (KRIEGSMARINE). En ese sitio se pueden encontrar datos como los diferentes barcos civiles y militares atacados, quién lo hizo, la posición geográfica donde ocurrió el ataque, la suerte corrida por el atacante, etc. y, más importante de todo, los nombres y apellidos de los tripulantes de diferentes nacionalidades que sobrevivieron o fallecieron. Algunos de los detalles están incompletos sobre la edad y posiblemente, el nombre o apellido ha sido “americanizado”. De acuerdo a la información, de 1939 a 1945, se han localizado 20 hondureños que como tripulantes de barcos de bandera hondureña u otra, fueron torpedeados o atacados con cañones, e infortunadamente, 14 de ellos murieron, varios en plena juventud. A continuación la lista de los valientes hondureños que entregaron su vida en la defensa contra el fascismo o el imperialismo:

Honduras-Segunda-Guerra-Mundial 

1. José Ávila, bombero, Barco “SAN BLAS”, hundido 17 de junio, 1942.
2. Raymond Barrow, cocinero, falleció el 19 de julio, 1942, barco “BAJA CALIFORNIA”.
3. Henry A. Bennett, marinero, barco “SAN BLAS”, hundido 17 de junio, 1942.
4. Cyril Bodden, carpintero, 42 años, falleció el 8 de junio, 1942, barco “TELA”.
5. Reuben Carranza, maquinista, 23 años, fallecido el 10 de junio, barco “TELA”. (Carranza sobrevivió el hundimiento del TELA, fueron recogidos por el barco “PORT MONTREAL”, quien a su vez fue hundido el día 10).
6. Bartalo Coloman, maquinista, Barco “SAN BLAS”, hundido 17 de junio, 1942.
7. Fausto Del Arca, marinero, barco “SAN BLAS”, hundido 17 de junio, 1942.
8. José M. Escoti, marinero, 21 años, falleció el 10 de junio, 1942, barco “TELA y PORT MONTREAL”.
9.- Lázarus Espinoza, bombero, 20 años, falleció el 8 de junio, 1942, barco “TELA”.
10. Roland Hewie, mesero, fallecido el 19 de julio, 1942, barco “BAJA CALIFORNIA”.
11. Cyril Howell, marino, barco “SAN BLAS”, hundido 17 de junio, 1942.
12.- Matri Martínez, 27 años, camarero, falleció el 8 de junio, 1942, barco “TELA”.
13. Adolfo Mejía, bombero, 23 años, falleció el 13 de noviembre, 1943, barco “POMPOON”.
14. Luis Mejía, mesero, 23 años, falleció 19 de julio, 1942. Barco “BAJA CALIFORNIA”.
15. William Page, marinero, 46 años, falleció el 13 de noviembre, 1943, barco “POMPOON”.
16. José Palencia, bombero, 30 años, fallecido el 8 de junio, 1942, barco “TELA”.
17. Stanley Riddock, cocinero, 24 años, falleció el 13 de noviembre, 1943, barco “POMPOON”.
18. Albert Simons, maquinista, 23 años, fallecido el 8 de junio, 1942, barco “TELA”.
19. Gustavo Suazo, marinero, barco “SAN BLAS”, hundido el 17 de junio, 1942.
20. Herberto Zúniga, maquinista, 42 años, fallecido el 8 de junio, 1942, barco “TELA”.

Además de lo anterior, datos sobre los diferentes barcos:

Honduras-Segunda-Guerra-Mundial-2 

1. Barco TELA. 3,901 toneladas, propiedad de la Empresa MAYAN SS, (United Fruit Company). Base: Puerto Cortés. Atacado a las 06:59 del 8 de junio, 1942 por el submarino alemán U-504 al mando del capitán Hans-Georg Friedrich Poske con 2 torpedos. Posición: 18.15° Norte, 85.20° Oeste, o sea, unos 480 kilómetros al nor-este de las Islas de la Bahía, a la altura de Chetumal, México, mar adentro. Tripulación: 54, (11 fallecidos y 43 sobrevivientes). El barco se incendió en 5 minutos. Los sobrevivientes fueron rescatados por el barco inglés PORT MONTREAL que fue hundido dos días después por el submarino U-68, al mando del capitán Karl-Friedrich Merten, 178 millas al norte de Cristóbal, Panamá.
El U-504 fue hundido el 30 de julio, 1943, en el Atlántico Norte, al nor-oeste de Cabo Ortegal, España, con la pérdida de sus 53 tripulantes.
El U-68 fue hundido el 10 de abril, 1944, al nor-oeste de Madeira, Portugal, con la pérdida de 56 hombres y 1 sobreviviente.
2. Barco SAN BLAS. De bandera panameña, 3,601 toneladas, propiedad de Balboa Shipping Company (United Fruit Company), Atacado a las 04:50 horas del 17 de junio, 1942, por el submarino U-158, comandado por el capitán Erwin Rostin. Posición: 25.26°Norte, 95.33°Oeste, unas 100 millas al este de Corpus Christi, Texas. Tripulación: 44 hombres (30 fallecidos, 14 sobrevivientes).
El U-158 fue hundido el 30 de junio, 1942, al oeste de las Bermudas. Los 56 tripulantes a bordo murieron.
3.- Barco BAJA CALIFORNIA. 1,648 toneladas, propiedad de la MAYAN SS Company, (United Fruit Company), Base: Puerto Cortés, fue atacado a las 06:45 horas del 19 de julio, 1942, por el submarino U-84 comandado por el capitán Horst Uphoff, en la Posición 25.14°Norte, 82.27°Oeste, unas 40 millas al nor-oeste de Cayo Rebecca, cercanos a Key West, Florida. Tripulación: 37 (3 fallecidos y 34 sobrevivientes).
El U-84 fue hundido el 7 de agosto de 1943, en el Atlántico Norte con la pérdida de sus 46 tripulantes.
4.- Barco POMPOON. De bandera panameña, propiedad de United Fruit Company, 1,082 toneladas, fue atacado a las 01:03 de la mañana el 13 de noviembre de 1943 por el submarino U-516 al mando del capitán Hans-Rutger Tillisen, en la Posición 11°Norte, 75°Oeste, unas 75 millas norte de Cartagena, Colombia. Tripulación: 27, (23 fallecidos y 4 sobrevivientes).
El submarino U-516 se rindió en LOCH ERIBOLL, ESCOCIA, el 14 de mayo de 1945.
5. Barco COMAYAGUA. Por información proporcionada por el General ® Marco Antonio Rosales Abella, hemos conocido del hundimiento de este barco, de 2,493 toneladas, propiedad de la United Fruit Company, base: Puerto Cortés, atacado por el submarino U-125, al mando del capitán Ulrich Folkers, con un torpedo a las 18:12 horas del 14 de mayo, 1942, en la Posición 19.00° Norte, 81.37 Oeste o sea, unas 14 millas al sur-oeste de la isla Gran Caimán, y con otro torpedo a las 18:30 horas, hundiéndose inmediatamente. El U-125 salió a superficie y les indicó a los sobrevivientes que estaban a 10 millas de tierra firme. Preguntó por el nombre del barco y mal entendió que era CAYUCA, un barco inglés. Tripulación de 42, de los cuales 7 fallecieron y 35 sobrevivieron.
El hermano del general Rosales Abella, Joaquín Patricio Rosales Abella, sobrevivió el hundimiento.
El U-125 fue hundido el 6 de mayo de 1943, al este de Newfoundland, Canadá, pereciendo sus 54 tripulantes.
6.- Barco CEIBA. 1,698 toneladas, propiedad de SEABOARD SS, (Standard Fruit Company), Base: La Ceiba, atacado el 17 de marzo, 1942, por el submarino U-124 del capitán Johann Mohr a las 02:26 de la mañana con un torpedo, en la Posición 35.43°Norte, 73.49 Oeste, cerca de las costas de Carolina del Norte, USA, tripulación 40, de los cuales 36 murieron y 4 sobrevivieron. No se dan nombres de hondureños.
El U-124 fue hundido el 2 de abril de 1943, al oeste de Oporto, Portugal, con la pérdida de sus 53 tripulantes.
7. Barco AMAPALA. De 4,148 toneladas, propiedad de Standard Fruit Company, Base: La Ceiba, atacado y hundido el 16 de mayo, 1942, por el U-507 al mando del capitán Harro Schacht en la Posición 26.40° Norte, 88.17° Oeste, a las 00:12 de la mañana, en el Golfo de México, al sur-este de Louisiana, USA, con una tripulación de 57, de los cuales 1 murió y 56 sobrevivieron. No se consignan nombres de 11 hondureños sobrevivientes.
El submarino U-507 fue hundido el 13 de enero de 1943, al nor-oeste de Natal, Brasil, falleciendo sus 54 tripulantes.
8. Barco NICHOLAS CUNEO, de 1,051 toneladas, propiedad de la Empresa Hondureña de Vapores, (United Fruit Company), Base: Puerto Cortés, fue atacado a las 16:01 horas, el 9 de julio, 1942, con fuego de cañones por el submarino U-571, del capitán Helmut Mohlmann, en la Posición 23.54° Norte, 82.33° Oeste, unas 47 millas al nor-oeste de La Habana, Cuba, con tripulación de 20 de los cuales 1 falleció y 19 sobrevivieron. No se dan nombres de hondureños.
El U-571 fue hundido el 28 de enero, 1944, al Oeste de Irlanda pero al mando del teniente Gustav Lüssow, falleciendo sus 52 tripulantes.
9. Barco OLANCHO, 2,493 toneladas, de la United Fruit Company, Base: Puerto Cortés, atacado a las 07:52 horas, el 11 de marzo, 1943, por el submarino U-183 del capitán Heinrich Schäfer, en la Posición 22.08° Norte, 85.14° Oeste o sea, unas 30 millas al Oeste del Cabo San Antonio, Cuba. Tripulación de 46, de los cuales 3 murieron y 43 sobrevivieron. Entre los fallecidos se nombra a Rubén Serrano, cocinero, pero con nacionalidad norteamericana.
El submarino U-183 fue hundido el 23 de abril, 1945, en el Mar de Java, a escasas dos semanas del final de la guerra. De su tripulación, 54 fallecieron y 1 sobrevivió.
10. Barco ONTARIO, 3,099 toneladas, propiedad de la United Fruit Company, con Base en Puerto Cortés, fue atacado y hundido por el submarino U-507 del capitán Harro Schacht, a las 02:27 de la mañana del 7 de mayo, 1942, Posición 28.11° Norte, 87.32° Oeste, en el Golfo de México, al sur-este de Louisiana, USA, Se detalla que en la tripulación habían 32 norteamericanos, 11 hondureños, 1 danés y 1 inglés, sobreviviendo todos.
El submarino U-507 ya se reportó su hundimiento en los datos del Barco AMAPALA.
11. Barco CASTILLA, 3,910 toneladas, propiedad de MAYAN SS, (United Fruit Company), con Base en Tela, atacado y hundido el 7 de junio, 1942 a las 04:08 horas, en la Posición 20.15° Norte, 83.12 Oeste, al sur del Cabo San Antonio, Cuba, por el submarino U-107 al mando del capitán Harald Gelhaus, con una tripulación de 59, de los cuales fallecieron 24 y 35 sobrevivieron. Entre los nombres de los fallecidos hay unos con nombre latino que podrían ser hondureños pero aparecen como nacionalidad norteamericana. Ellos son: Baltazar Díaz, Ricardo Delgado, Juan Fúnez, Alfredo Guzmán, Esteban Ramírez y Antonio Valenzuela.
El U-107 fue hundido el 18 de agosto de 1944, en la Bahía de Viscaya pero al mando del teniente Karl-Heinz Fritz, pereciendo sus 58 tripulantes.

Hasta aquí lo documentado en el sitio ya mencionado. Deben de haber habido más hondureños que como tripulantes de barcos mercantes, arriesgaban su vida día a día, pero desafortunadamente, no sabremos sus nombres o destino por falta de documentación.

También hubo unos pocos hondureños que formaron parte de las tropas aliadas que combatieron contra los alemanes, sus aliados o el imperio japonés. Eso tampoco está formalmente documentado o reportado. Por inferencia familiar lejana, conozco la actuación del después coronel del ejército hondureño, el doctor Roberto Zepeda Turcios, quien en su juventud se enlistó en las Fuerzas Armadas Canadienses, sirviendo en el Teatro de Operaciones en Italia y posteriormente en Europa. El doctor y coronel Zepeda Turcios escribió tres libros sobre su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, el primero en 1947 titulado “CAMINOS DE RENUNCIACIÓN”, luego en 1951 escribe “DESPUÉS DE LA SIEGA” y por último, en 1976, “HOJA DE ARCE”.

Dentro de las acciones llevadas a cabo por la Fuerza Aérea Hondureña durante la Segunda Guerra, estaban los patrullajes de nuestras costas en el mar Caribe. Es en una de esas misiones, el 24 de julio, 1942, un avión Stinson de la FAH, al mando del teniente Haight, en misión de patrulla, avistó un submarino alemán y le lanzó dos bombas de 60 libras, sin lograr impactarlo. Día después, el 3 de agosto, otro Stinson bajo el mando del teniente Francisco Martínez García y del sargento Armando Murillo Díaz, no regresa de su misión y se cree que fue derribado por un submarino alemán.

Es necesario que nuestras autoridades u otro sector nacional, se preocupen por investigar en los distintos lugares, sitios o documentación, lo ocurrido con los ciudadanos hondureños que ofrendaron su vida en defensa de los valores de la democracia. Posiblemente todavía existan descendientes directos de esos valerosos compatriotas que merecen, en lo mínimo, sea reconocido el sacrificio de sus padres, abuelos, hermanos u otra ascendencia.

Es lo menos que podemos hacer por ellos.

Fuente: Diario La Tribuna 29/12/1013

jueves, 24 de abril de 2014

Sobre las leyes coloniales...



La legislación colonial española de Indias(Parte I)
Por Esther Alexandra Garwer y Rolando Zelaya y Ferrera

La legislación española que se desarrolló para la administración y buen gobierno de las Indias, asi como en lo relativo al monopolio comercial entre la península y los posesiones de ultramar, estaba integrada por Reales Cédulas, Reales Órdenes, Pragmáticas, Instrucciones y Cartas relativas al derecho público de Hispanoamérica:
  1. Las Reales Cédulas Eran expuestas al Rey por el Consejo de Indias; se referían a una cuestión determinada y se caracterizaban claramente por la fórmula: Yo el Rey, hago saber... .
  2. Las Reales Ordenes: Fueron creadas en la época de los Borbones y emanaban del Ministerio por orden del Rey.
  3. Las Pragmáticas Se llamaba así a aquellas decisiones con fuerza general de ley general que tenía por objeto reformar algún daño o abuso.
  4. Las Ordenanzas Fueron dictadas por los Virreyes o por las Reales Audiencias y legislaban sobre asuntos que llegaron en algunos casos a constituir verdaderos códigos.
La particularidad que tenía la legislación indiana es que se destinaba a legislar para cada caso y cada lugar. El hecho de no integrar un programa orgánico de gobierno, sumado a las enormes distancias entre la metrópoli y sus dominios ultramarinos determinó frecuentes confusiones. Esto era común en algunos casos cuando las autoridades aplicaban disposiciones que ya habían sido derogadas, lo cual ocurría por no tener conocimiento sobre las mismas.

Debido a que muchas veces las autoridades encargadas de dictar las leyes desconocían las reales condiciones sociales, políticas y económicas del medio americano, las disposiciones resultaban inaplicables, convirtiéndose en fuente de resistencias y aun de rebeldías ante la ley. Las autoridades encargadas de hacerla cumplir optaban por un acatamiento teórico declarando suspendida su vigencia. En estos casos el Virrey disponía al final del texto la célebre frase: Se acate pero no se cumpla. 

Todos estos inconvenientes fueron advertidos por diversos funcionarios y juristas quienes abogaron por lograr un ordenamiento y codificación de la legislación indiana y así eliminar las abundantes superposiciones y contradicciones legales que dificultan las tareas de gobierno. La legislación colonial, las leyes de Indias, se soportó básicamente en cinco grandes pilares:

1) Las Leyes de Burgos - 1512
2) Las Ordenanzas de Granada - 1526
3) Las Leyes Nuevas de Indias - 1542
4) Las Ordenanzas de Poblaciones - 1573
5) Las Ordenanzas de Alfaro - 1612
6) La Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias - 1680

Las Leyes de Burgos y las Leyes de Granada atienden a una etapa esencialmente de Conquista y de incipiente desarrollo colonial, de modo que en su contenido buscan poner orden en un momento histórico de frenética actividad conquistadora, y no tanto del asentamiento puro, que vendría poco más tarde. Reflejan la tensión existente entre el deseo de cumplir con los designios divinos de convertir las almas de aborígenes de unos territorios que se preveían más amplios de lo que sugería hasta hacía poco años, a relativamente poco de su descubrimiento, y el ansia de riqueza y reconocimiento social por parte de los españoles, así como el interés creciente de la corona, que vislumbraba posibilidades infinitas aun cuando realmente sus ojos continuaban puestos en un control religioso-militar en diferentes puntos de la bullente Europa de la época.

En especial las Leyes de Burgos, tuvieron una trascendencia muy próxima a los intereses de las huestes conquistadoras. A partir de ellas se definió el texto del Requerimiento, curiosa disposición que debía leerse bajo notario en cada lugar geográfico donde el Conquistador se encontrara frente a una nueva tribu o agrupación poblacional en terrenos no conquistados, con el fin de dar la oportunidad a los nativos de ser conquistados de una manera pacífica, es decir por aceptación de los principios cristianos y del derecho de la corona española a administrar, por delegación papal, las nuevas tierras, evitándoles de ese modo la guerra, de la que por lo general no iban a salir muy bien librados.

Las Leyes Nuevas de Indias corresponden a una etapa más madura de dominio, donde se atiende y se pretende llamar al orden al Colono, al Conquistador o Aventurero venido de España que no repara en medios para obtener la riqueza del nuevo mundo. Estas leyes, no prosperaron debido a las limitaciones que imponían y sería tal el cuestionamiento y enfrentamiento encontrado en América que tras ser recortadas, al poco fueron derogadas. Fue literalmente un pulso entre la Corona, las Órdenes Religiosas y los Colonos. Fueron las leyes más polémicas entre la sociedad colonial bien asentada, ya que le quitaban al español afincado en tierras americanas muchos de los privilegios asumidos desde hacía años, sin los cuales no veían manera de sacar adelante ninguna actividad próspera. Esencialmente ese recorte de antiguos derechos, consistía en ofrecer más libertad a la población indígena oprimida por tratamientos que si bien no eran oficialmente de esclavitud, no distaban mucho de poder ser confundidos con ella, tal como la práctica real de las encomiendas. Cualquier beneficio a favor del indígena era automáticamente un perjuicio para el Colono, que en muchos casos era un Conquistador que había abandonado las armas para empezar a vivir de renta o sacar el máximo de beneficio a sus indiscutibles esfuerzos y riesgos iniciales.

Ya en 1680, inmersos en una etapa de total madurez colonial, y reflejando una dimensión administrativo legal de modo más global, se contó con la Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias que se publicó durante en el reinado de Carlos II el Hechizado, el último rey de la dinastía de los Austrias, y que reúne de modo muy detallado y preciso disposiciones originadas y ampliadas desde el reinado de los Reyes Católicos hasta el mismo Carlos II, de modo que aparecen los retazos legislativos revisados una y otra vez de Carlos I, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Leerlas es sumergirse en un océano de normas del que -y aquí lo mejor- entre líneas se puede sustraer la filosofía y el modo de hacer de los años de dominación española en América y Filipinas. Se aprecia la burocracia en toda su extensión, pero también un sistema que parecía ser infalible pero que desde Felipe V, el primer rey de la dinastía borbónica, hubo de ser revisado para evitar que sucumbiera en un momento en que otras potencias europeas parecían tomar protagonismo en un océano, el Atlántico, que había sido dominio absoluto de los peninsulares.

Las leyes pudieron influir decisivamente en el desarrollo de la Historia que conocemos, o quizás la Historia facilitó su creación para dar sentido en su nuevo camino americano, es difícil saber quién fue primero, porque a diferencia de otras naciones, España tuvo auténtica vorágine por ordenar y legislar todo aquello que alcanzaba de la mano de sus súbditos. Personalmente creo que vale la pena adentrarse en la Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias, de 1680, porque ahí está la esencia de muchos errores pero también de muchos éxitos de los españoles con respecto a sus posesiones de ultramar. Se trata de un viaje al pasado para entender a una sociedad sobre la que se asienta nuestra cultura contemporánea.

BIBLIOGRAFÍA
http://www.historiadehonduras.hn/

domingo, 23 de marzo de 2014

Tras la verdad en la historia...



Colón nunca dijo “Gracias a Dios que salimos de estas Honduras”.

Por Esther Alexandra Garwer y Rolando Zelaya y Ferrera.

El último viaje del Almirante comenzó en Cádiz el 9 de mayo de 1502 y del cual conocemos los pormenores, primero por la carta enviada por Colón desde Jamaica a los reyes españoles, misma que es conocida como "Lettera Rarissima" y de la cual puede leerse una copia en la Biblioteca Universitaria de Salamanca, España; luego, su hijo Herrando, que le acompañó en la travesía, escribirá después una biografía sobre su padre. El cuarto viaje nos interesa en demasía: en 1502 se descubrirán las tierras de lo que hoy se llama Honduras. Con certeza sabemos que los expedicionarios europeos estuvieron primero en las actuales Islas de la Bahía, habiendo desembarcado en "la mayor que se llamaba Guanaja, de cuyo nombre tomaron después los que hacen las cartas de navegar el de todas las islas Guanajas " (1) 

Con el conocimiento veraz de la existencia de una gran masa continental, (Colón lo había intuido ya, leyendo a varios científicos de la antigüedad y del medioevo) la expedición llegó a un lugar de la costa hondureña que llamaron Punta Caxinas porque "había en ella unas manzanillas algo arrugadas, y tiene el hueso esponjoso, y son buenas para comer, especialmente cocidas, a las cuales llamaban caxinas los indios de La Española" (2) En vista de que en ese punto no vieron cosa de mayor interés, la expedición siguió su rumbo hacia el Este, bordeando la costa llegaron a otro sitio que Colón llamó "Costa de Oreja", debido a que los nativos de la región se horadaban las orejas con agujeros grandes, capaces de caber en ellos un huevo de gallina. Algunas excavaciones arqueológicas actuales han demostrado la verdad de este dato: muchas figurillas de arcilla, jade y piedra representan a personajes con las orejas horadadas. Hoy sabemos que ese grupo de nativos que los españoles vieron, eran ancestros de los actuales indios pech. Fue en este lugar donde el 14 de agosto de 1502 la expedición saltó a tierra "con las banderas y los capitanes y con muchos de la armada para oír misa" (3) y precisamente aquí donde la expedición tomó posesión de las tierras en nombre de la corona española, en la desembocadura del Río Tinto que fue nombrado en aquel entonces Río de la Posesión.

Navegando a lo largo de la costa hacia Oriente, la expedición estuvo en peligro de naufragar debido a una terrible tempestad que les azotó. Colón en su diario narra la aventura: "en todo este tiempo no entré en puerto, ni pude ni me dejó tormenta del cielo, agua y trombones y relámpagos de continuo que parecía el fin del mundo ... otras tormentas se han visto, mas no durar tanto con tanto espanto" (4), esto sucedía a mediados de septiembre, temporada caracterizada por fuertes huracanes y tormentas tropicales. Al fin lograron salir del temporal y llegaron a una punta o cabo donde amainó, como describe Colón: "llegué al cabo de Gracias a Dios y de allí me dio Nuestro Señor próspero el viento y corriente" (5)
Si hacemos acopio de las fuentes utilizadas nos damos cuenta que la palabra Honduras no aparece registrada en el diario del almirante Colón, ni incluso para referirse a las inmensas profundidades marítimas del Cabo de Gracias a Dios. Sin embargo, Don Hernando Colón nos proporciona otros datos. Dice él hjo menor de Don Cristóbal “"… después que el Almirante hubo descubierto estas regiones, un cierto Juan Díaz de Solís, de cuyo nombre el Río de la Plata se llama Río de Solís, por haberle matado allí los indios, y Vicente Yáñez, que fue capitán de un navío (La Niña A.S.S.) en el primer viaje del Almirante, cuando descubrió las Indias, fueron juntos a descubrir el año 1508, con intención de seguir la tierra que había descubierto el Almirante en el viaje de Veragua hacia Occidente. Siguiendo éstos casi el mismo camino, llegaron a la costa de Cariay, y pasaron cerca del Cabo de Gracias a Dios hasta la punta Caxinas que ellos llamaron de Honduras ..." (6) Fueron Solís y Pinzón los que usaron el nombre de Honduras y no Colón, refrendada esta afirmación en los Pleitos Colombinos, en el caso de la Familia Colón contra Yañez Pinzón.
¿De donde sale la frase que nos enseñaron en la primaria? En un informe descriptivo y general del Reino de Guatemala, firmado y enviado al Rey de España en 1778, por la importancia que posee lo citamos in extenso, se lee "Provincia de Honduras, valle de la Ygueras de Comayagua. La ciudad de Valladolid es la capital de esta provincia… y que se llamó tamvien Provincia de Honduras, porque no hallando fondo los primeros descubridores dijeron gracias a Dios que hemos salido de estas Honduras*; que también se llamó Tierra de Ygueras* por las calabazas que encontraron en aquel Mar desde la del Norte al del Sur ..." (7).

Para escribir lo anterior el informante se basó en la obra del Padre Murillo titulada "Geografía Histórica, Libro IX de la América, islas adyacentes, tierras árticas y antárticas, e islas de los mares del Norte y Sur" escrita en 1752, misma que se basó en la obra Décadas de Antonio Herrera y Tordesillas en la parte descriptiva, y en los Pleitos Colombinos en lo que a la frase respecta. La frase aparece en el capítulo tercero del libro octavo de la Década IV, al tratar las costumbres de los indios de Honduras; dice el texto “…en mucho trecho no hallaban fondo, a lo menos estaban en grandísima hondura, cuando tocaron fondo dijeron Bendito Dios que hemos salido de estas honduras…” Aquí la fuente proviene de los Pleitos Colombinos en donde, el abogado defensor de Pinzón y Solís, al contestar la demanda, se arropa bajo la alusión “los primeros que pasaron por aquella costa” en un intento por concederle el descubrimiento de estas tierras a sus clientes, pero el fallo del juez fue a favor de los Colón “…habiendo sido el Almirante el primero como lo probó el Fiscal en el pleito, de que se ha hablado…”. De aquí a frase adquiere otro significado, y el origen del nombre usado por sus contrincantes  con todo y exclamación se le atribuyó a Don Cristóbal por parte de los cronistas posteriores(8). Un error histórico que el profesionalismo de los historiadores hondureños ha logrado aclarar.

C I T A S
1.Colón, Hernando. La Vida del Almirante
2.Idem
3.Idem
4.Colón, Cristóbal. Diario de a bordo. Colec. Tus Libros. Edic. Ge¬nerales ANAYA. Cap. 5 Madrid. 1985.
5.Idem
6.Colón, Hernando. ob. cit.
7. "Noticias del Reyno de Guatemala, frutos que produce, pueblos, havitantes y tributarios que tiene y quanto pagan al Rey. AÑO D 1778" Sig. 1655 Colec. Mata Linares. Real Academia de la Historia. (FF220-246).
8. Carías, Marcos, Crónicas y Cronistas de la Historia de Honduras, Editorial Universitaria, Colección Documentos, Primera edición, 1998.

BIBLIOGRAFÍA
1.Carías, Marcos, Crónicas y Cronistas de la Historia de Honduras, Editorial Universitaria, Colección Documentos, Primera edición, 1998.
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Una ciudad olvidada...



Tegucigalpa, víctima de un proceso de destrucción y síntoma de una debilitación de la Identidad Nacional.

Por Esther Alexandra Garwer y Rolando Zelaya y Ferrera.

Según, Jurgüen Habermas:
En la historiografía, una ruptura en la tradición, por la cual los sistemas interpretativos que garantizan identidad pierden su poder social integrativo, sirve como un indicador del colapso de los sistemas. Desde ésta perspectiva, un sistema social ha perdido su identidad tan pronto como generaciones posteriores no aceptan reconocerse a sí mismas dentro de una tradición constitutiva única(1)”

En los últimos cincuenta años, la ciudad de Tegucigalpa ha estado siendo sometida a un proceso de destrucción física, y, en los últimos años a un proceso de destrucción política, al intentar desvalorizarla como una ciudad digna de ser el centro político; de esta manera ha sufrido atentados que van desde el cierre del aeropuerto hasta la destrucción de su casco histórico por políticos de turno.

Pese a la declaratoria de casco histórico, la ciudad de Tegucigalpa ha sufrido la destrucción de sus edificios, monumentos y calles emblemáticas, convirtiéndose en una víctima estigmatizada de forma conveniente por aquellos quienes provenientes de sus lugares de origen encontraron no sólo el albergue sino la oportunidad de conquistar sus aspiraciones sociales, económicas y políticas; tal ingratitud y desinterés por conservar y realzar el espacio que ellos mismos vinieron a ocupar para dirigir el destino de la nación y todos sus habitantes se manifiesta aún y cuando como sede generosa que alberga el poder político de la nación, los diversos servidores públicos tanto del gobierno central como el poder legislativo, ni siquiera se han interesado por cuidar, restaurar y atesorar los edificios públicos tal y como lo muestra el edificio del Congreso Nacional, seriamente deteriorado y pintado de colores por manifestantes, lo que no parece molestar a ninguno de los diputados. Irónica e indignantemente, los intereses políticos y económicos atacan la ciudad de manera cada vez más fuerte, siendo notorio para los ciudadanos nacidos en la hoy Capital de la República de Honduras, como la mayor parte de los candidatos políticos han levantado en ocasiones de forma encubierta y otras descarada, la bandera de trasladar la misma a la ciudad de San Pedro Sula, sede del poder económico de extranjeros hondureñizados al que estamos sometidos actualmente. 

Años atrás vimos <<como testigos presenciales>> el insistente interés por el cierre del aeropuerto internacional “Toncontín MHTGU” y recientemente la insolencia por trasladar el mismo a la base área “Soto Cano” popularmente conocida como Palmerola, basada en argumentos incongruentes cargados de muchas falsedades, que no forman parte de la política aeronáutica internacional de quienes hasta hoy no existe un dictamen negativo. En éste sentido, Toncontín y los Llanos del Potrero son el emblema del surgimiento no sólo del progreso del país, sino que además, de la aviación tanto militar como civil en Honduras desde 1921, no es cualquier aeropuerto, es el primer aeropuerto formal del país y no un simple campo aprovechado como algunos han querido hacer ver. Otra estupidez que lo amenaza es el convertirlo en parada de buses, insistiendo en que lo más importante es dejar a Tegucigalpa sin aeropuerto. Por otra parte, observamos con suma desolación el abandono del antiguo edificio de la Compañía de Agua y Luz, con un valor histórico implícito en sí mismo el cual pese a tener un mural del connotado artista Arturo López Rodezno, yace en el olvido, por años no ha sido intervenido en espera de que caiga por sí solo y así poder construir algo lucrativo no sabemos en beneficio de quien. Las distintivas calles adoquinadas al estilo europeo en la ciudad de Tegucigalpa están en absoluto abandono; el centro de la ciudad congestionado por el caos ocasionado tanto por los vetustos buses, la descontrolada y excesiva ubicación de los vendedores en calles y aceras, así como la presencia de ladrones hace imposible un tránsito seguro por la misma, aunado a lo anterior, el fenómeno visible de muchos comercios que cierran sus actividades por la extorsión han incrementado el número de edificios en abandono. En este ambiente, aún el arte nacional está amenazado: no olvidemos el intento del pseudogobierno del humanismo cristiano, de cerrar la Galería Nacional de Arte, misma que fue defendida a capa y espada por los estudiantes de la ignorada Escuela Nacional de Bellas Artes.

Por si fuera poco, los injustificables abusos contra las ciudades de Tegucigalpa y Comayagüela continúan, irresponsablemente se habla hoy por hoy de tres temas: el primero, la venta del histórico edificio del Banco Central de Honduras, construido en la década de los 50´s con un estilo arquitectónico propio de su época. Cómo patrimonio del país se debería pensar sensatamente en cederlo a otra institución del Estado que pueda aprovechar la instalación; el segundo, el cierre del invaluable Museo de las Comunicaciones de Hondutel, debido a que existe una destructiva iniciativa que amenaza al Palacio de las Comunicaciones Eléctricas en convertirlo en un centro comercial y que su colección museográfica sea entregada arbitrariamente a un museo privado. Tercero, la retrógrada demolición del legendario “Estadio Nacional”, ahora llamado Tiburcio Carías Andino, para “descongestionar” el tránsito de la ciudad, aunque en realidad su fin responde a monopólicos intereses económicos que desde hace años, están forzando a que toda la actividad deportiva importante se lleve a cabo en el rentable “Olímpico” de la ciudad de San Pedro Sula, el cual reporta sustanciales beneficios monetarios en función de la cantidad de aficionados que asisten al mismo, superando tanto en número como cantidad la rentabilidad del Estadio Nacional de Tegucigalpa. ¿Hasta cuándo los habitantes de Tegucigalpa y Comayagüela, seguiremos permitiendo no sólo el deterioro, destrucción y abandono de las ciudades, sino también la constante crítica destructiva, malsana y poco constructiva que tiende a reemplazar y degradar todo lo valioso por elefantes blancos como el Trans450?

BIBLIOGRAFÍA
1.      Habermas, J., “On Social Identity”, Telos, 19, Spring 1974, p91.
2.      http://www.historiadehonduras.hn/

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